18 de enero de 2013

Autocompasión, esa gran aliada

      Muchas son las personas, cada día más, que se niegan a reconocer que se pasan de pesimistas. Teniendo en cuenta como están las cosas, tampoco es que sea precisamente difícil andar decaído cada día. Sin trabajo, sin dinero...a este paso sin techo ni alimento. Eso se entiende, se respeta y se intenta, con lo poco que se pueda, a la persona alegrar.
      Luego existen otro tipo de personas, las “lloronas”. Cualquier cosa que les ocurre es mala, nunca tienen suficiente, siempre andan de capa caída y encima muchas veces te dan ganas de soltar un “pero ¿eres estúpido o te lo haces? Yo estoy peor”, pero cierras la boca y escuchas atentamente.
      “No tengo dinero”, pero hace dos días se compró una consola y todos los días sale de fiesta; “Estoy solo”, pero cuando le dicen de salir no quiere; “Nadie me entiende”, pero nunca escuchan cuando alguien más se quiere desahogar; “Nadie me quiere”, pero es que anda colado por el único que no le hace caso y al resto no le da bola; …. Y así sucesivamente.
      No sé si alguna vez lo escucharon pero yo desde pequeña, señores “en su casa se cuecen habas y en la mía calderadas”. No sé si lo entienden pero los “llorones”, como yo digo, no. Siempre hay alguien peor y tal vez justamente sea esa persona que siempre anda escuchando sus males y que por no molestar no cuenta nada cuando por dentro lo único que desea es o que la atiendan, o que la dejen sola un rato, o al menos que la animen y la hagan reír.
      A esos “llorones” debo decirles algo, o bien queréis llamar la atención o estáis hundidos en la autocompasión. ¿Por qué digo que es una gran aliada? Con esa escusa de todo me va mal os escudáis para no hacer lo que debéis aunque conozcáis el error vuestro. Con ese “mal” que os acecha día a día y que tanto vais contando os encerráis en vosotros y tenéis la forma ideal de echar la culpa a los demás de algo que en muchos casos no es culpa de nadie excepto de vosotros mismos.
      Mucha gente sale a la calle con una sonrisa en la cara aunque anden deseando morirse por dentro y luchan cada día por sobrevivir, por cambiar los errores que cometan y por conseguir sus objetivos.
      A toda esa gente que día a día prueba el amargo sabor de la “guerra” diaria, felicidades, los valientes existen aunque no sean nombres conocidos.
      A los “llorones”, aprended a observar y escuchar atentamente porque no hay más ciego que el que se niega a ver ni más necio que el que se niega a aprender.

No hay comentarios:

Publicar un comentario